¿Es posible el cambio de modelo productivo?
La crisis económica que desgraciadamente sufre España exige un esfuerzo colectivo para cambiar de modelo económico. Este cambio consiste en pasar de un aparato productivo, como el actual, centrado en sectores no afectados por la competencia internacional, como son algunos servicios y la construcción, hacia otro dirigido a producir bienes y servicios más competitivos. Se trataría, en definitiva, de incrementar la competitividad de nuestra economía, es decir, que tengan más peso los sectores o empresas que exportan y también aquellas que ya compiten con importaciones dentro de nuestro país. En este sentido las empresas españolas se encuentran en un momento decisivo para su futuro.
¿Es posible el cambio de modelo?
En estas circunstancias la posibilidad de cambiar de modelo económico dependerá de nuestra capacidad de flexibilizar nuestra economía y nuestro mercado de trabajo a la vez que se incrementa el capital tecnológico. Se trata pues de mejorar la estructura productiva y competitiva para aumentar así las exportaciones y la inversión extranjera en España y la inversión española en España y en el exterior. Nadie sabe cuáles serán los sectores de futuro, el gobierno tampoco, pero no se debe olvidar que España es muy competitiva en el sector servicios. La mayor parte de la inversión española en el exterior no está en el sector manufacturero (aunque algunas hay) sino en los sectores bancario, distribución, ingeniería, gestión y construcción de infraestructuras (aeropuertos, autopistas, etc.), gestión de aguas y basuras, hoteles, producción y distribución de energía, energías renovables, seguros, telefonía, etc. Así, empresas como Repsol YPF, Gas Natural, Endesa, Abertis, Santander, BBVA, Mapfre, Iberdrola, Telefónica, ACS, OHL o FCC, entre otras, han encontrado grandes oportunidades de negocio en Europa y en el continente americano. Desde finales de los ochenta muchas compañías españolas desembarcaron en Europa y desde mediados de los noventa, se convirtieron en los principales inversores en América Latina, por detrás de EEUU.
Confianza, crecimiento y competitividad
Sin embargo y a pesar del buen comportamiento inversor de las empresas españolas en el exterior, las expectativas de la inversión están bastante negras al persistir una incertidumbre muy grande sobre el futuro del país. El presidente del Gobierno de España, Rodríguez Zapatero, no ha sido suficientemente realista a la hora de explicarle a la ciudadanía, en especial al sector privado, la situación en que se halla la economía. A pesar de sus anuncios optimistas, la recuperación va a llevar mucho tiempo. Como el gobierno tuvo una actitud de negar la crisis desde el comienzo mismo de este período, existe una sensación de inseguridad y desconfianza que está retrayendo la inversión privada, tanto local como extranjera. A los empresarios españoles, les cuesta creer en el marco en que se va a mover la economía, lo que naturalmente provoca la congelación de las inversiones.
¿Qué podría hacer el gobierno?
El gobierno español tendría que destinar parte del gasto público, que hasta ahora ha sido desmesurado e improductivo, a incorporar nuevos sectores relacionados con la innovación y con el desarrollo tecnológico, así como para mejorar la calidad de la educación. Según los informes del Programa Internacional de Evaluación de Resultados Educativos (por su sigla en inglés, PISA), España ha obtenido resultados muy bajos y, por lo tanto, se requiere un acuerdo, entre todos los partidos políticos, para lograr una mejor formación profesional de los educadores y poder dirigir a los jóvenes hacia carreras tecnológicas y de ciencias que contribuyan a aumentar la capacidad y competitividad de las empresas nacionales. El modelo educativo se debe dirigir a fomentar la excelencia y el esfuerzo para que los egresado sean capaces de absorber nuevas tecnologías y ser protagonistas de un nuevo modelo económico más productivo.
Aunque es verdad que las empresas son las responsables del necesario cambio de modelo, sin embargo sus decisiones se ven afectadas por el marco de la política económica, el nivel y calidad de las instituciones y la calidad de la mano de obra. En este contexto, la estabilidad política, macroeconómica e institucional siguen siendo necesarias y deben crecer para que España pueda salir de la crisis. El gobierno también debe esforzarse por seguir aplicando políticas de liberalización de los mercados que puedan proporcionar los signos adecuados que incentiven al sector privado a que emprenda nuevas inversiones, tome decisiones de producción y genere creación de empleo. En este sentido, la confianza y credibilidad en el gobierno son factores necesarios para que se produzca el cambio de modelo, es decir, para la creación de empresas competitivas. Por el contrario, la incertidumbre, la desconfianza y la inestabilidad política, retrasa las decisiones de inversión privada y produce, además, una reasignación de recursos que no incentiva la mejora de la productividad.
En resumen, si la economía española quiere ser más competitiva debe apuntar hacia sectores con mayores niveles de calidad y de tecnología, lo que mejoraría la competitividad de nuestros productos en el exterior. La mejora tecnológica, la reestructuración productiva, el fomento del ahorro nacional y el incremento de la competencia deben marcar el camino de ese nuevo modelo económico. Las protagonistas del modelo deben ser las viejas y nuevas empresas que inviertan en I+D+i, es decir, las que generen innovación pero también aquellas otras que demandan innovación. De ahí que el sector público debería dirigir su gasto a aumentar la productividad y en consecuencia la competitividad de nuestros productos. En definitiva, hay que seguir apostando por un modelo económico abierto al exterior y evitar el proteccionismo en la economía española. La solución a nuestros problemas no está en proteger nuestra economía frente a la competencia exterior sino en aumentar la cantidad y calidad de nuestra oferta exportadora.